Un verano sin sofocos

Mantener una temperatura confortable en los interiores es generalmente sinónimo de un consumo energético más o menos intensivo. Aunque tradicionalmente las necesidades de calefacción han sido superiores a las de refrigeración, los efectos del calentamiento global están desencadenando veranos más rigurosos en las zonas templadas del planeta, y en consecuencia mayores necesidades de refrescamiento de los ambientes interiores, igualando el consumo en climatización a lo largo de todo el año. Especialmente en países como el nuestro, donde aunque en la vertiente atlántica aún se mantienen veranos más o menos mesurados, en el sur de la península el gran pico de consumo en aclimatación está claramente focalizado en el periodo estival, llegando a ser mínimo durante el invierno. Por eso conviene tomarse muy en serio el consumo tanto en refrigeración como en calefacción.

Pasivo, sinónimo de eficiente

Mantener la temperatura de confort para contrarrestar las cada vez más repetidas olas de calor requiere decisiones contundentes y creativas en la arquitectura. Ya sea en obra nueva como en rehabilitación, la primera estrategia real para ecologizar la climatización es mejorar el aislamiento de la envolvente arquitectónica, junto a ventanas con control de radiación y otras soluciones como los sombreos o la introducción de elementos vegetales que regulen la humedad y refresquen de manera natural. Los sistemas pasivos pueden llegar a lograr una edificación de consumo cero de energía. Si aun así las condiciones de entorno o de uso requieren del apoyo de sistemas técnicos, ya existen alternativas con un impacto ambiental moderado para poder disfrutar de una casa sostenible.

La conductividad y la inercia térmica son dos fenómenos relacionados con la sensación de frescor que transmite un material. Cuanto más denso sea este, mayor será su poder refrigerante. La piedra natural, el hormigón, la arcilla y los productos cerámicos –como el revestimiento porcelánico Starwood Minnesota, de Porcelanosa Grupo, en la imagen– son los materiales que mejor se comportan en este sentido.

Lección de biología

Por el mismo fenómeno físico llamado entalpía evaporativa que hace que el sudor enfríe el cuerpo, los bioclimatizadores pueden reducir la temperatura ambiental hasta once grados y con un 80% menos de consumo eléctrico que un aire acondicionado. El sistema funciona al hacer pasar aire por un filtro empapado de agua, de manera que gracias al calor que absorbe el líquido al evaporarse se refresca la temperatura ambiental de manera natural. Sin embargo, estos sistemas no son aires acondicionados y su funcionalidad dependerá de las condiciones de entorno. Al estar basados en la humidificación del aire, la máxima eficacia será en ambientes secos y con renovación constante del aire, convirtiéndose en disfuncionales en lugares con elevada humedad relativa como las zonas costeras o también en habitaciones cerradas sin renovación del aire.

Ventilador de mano Handyfan Popsicle.

Un aire renovado

El aire acondicionado es probablemente el sistema más extendido para la refrigeración de los interiores (según el Instituto de Diversificación y Ahorro Energético, IDAE, el 49% de los hogares españoles está equipado con él), pero también el que mayor recelo despierta por su potencial impacto ambiental tanto en términos de consumo energético como de contribución al cambio climático y de daño a la capa de ozono. Desde los primeros aires acondicionados que se inventaron hace décadas hasta los equipos más recientes se ha avanzado mucho para convertir esta tecnología en una opción verdaderamente sostenible. Aunque es cierto que Greenpeace determinó hace algunos años que las bombas de calor inverter son la tecnología más ecológica para refrigerar el aire interior, las ultimas innovaciones han dado lugar a modelos de aires acondicionados que llegan a mejorar en eficiencia e inocuidad a la mayoría de bombas inverter.

El sistema de aire acondicionado Mitsubishi Electric MSZ-LN Kirigamine utiliza el nuevo refrigerante ecológico R32.

Hace décadas se inició la sustitución del R22, nombre comercial de los gases clorofluorocarbonos (CFC) que destruían la capa de ozono, por alternativas menos nocivas. Aunque estas limitaban el cloro, todavía contenían flúor, un componente químico que, a pesar de no dañar el ozono, continúa contribuyendo al efecto invernadero. En este sentido, la Unión Europea ha vuelto a ajustar las tuercas a los fabricantes para lograr un aire acondicionado verdaderamente limpio. El reglamento europeo sobre gases fluorados vigente prohibirá a partir de 2025 el uso de refrigerantes con un PCA (Potencial de Calentamiento Atmosférico) superior a 750 unidades de aire acondicionado split con una carga de refrigerante inferior a 3 kg (la mayoría de equipos domésticos). De ahí la sustitución del extendido R410-A (que tiene un PCA de 2088) por el nuevo R32 (PCA 675), con un impacto ambiental prácticamente nulo.

Frescura ancestral

Desde que disponemos de la fuerza bruta de la electricidad parece que nada es posible sin la ayuda de las máquinas. Sin embargo, las novedosas propuestas de los diseñadores más conscientes, como tantas veces ocurre, ya fueron tenidas en cuenta por los antiguos. Los romanos, que se extendieron por zonas del norte de África, tuvieron que desarrollar sistemas de aclimatación natural en sus ciudades para lograr superar el sofocante y seco verano. En los núcleos urbanos más importantes se construían algo parecido a lagos situados a la sombra que refrescaban el ambiente, generando una brisa natural que el viento podía distribuir por los pasadizos y calles.

Los muros encalados, un refrigerante natural.

A nivel de materiales, las construcciones de mayor nivel hacían uso de revestimientos con uno de los mármoles más apreciados aun a día de hoy: el Blanco Macael. Su blanco puro y un refinado pulido lo convertían en una superficie capaz de rebotar los rayos del sol de una manera tan eficaz que se conseguía mantener la temperatura constante en el interior. Algo parecido a lo que de manera más humilde hicieron los pueblos árabes e ibéricos al encalar las fachadas también de color blanco puro. Es física básica aplicada a un diseño eficaz contra el calor y sin consumo energético ni contaminación.

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